15 diciembre 2006

Ir al cine en Italia, toda una experiencia

La primera semana de diciembre he tenido la suerte de poder escaparme unos días a Roma. Allí he aprovechado para ir al cine. Como en España, las ciudades italianas están invadidas de multisalas pero lo que no han perdido es la costumbre es de hacer una pausa a la mitad de la película. Se trata de un breve intermezzo de 5 minutos en los que aparece alguien por un lateral de la sala ofreciéndote caramelos y golosinas varias y al que generalmente se ignora. Parece ser según me dijeron que se trata de una costumbre heredada de la época de Mussolini y que de momento nadie ha osado tocar.

Tras pasar por taquilla y rascarme un poco el bolsillo la entrada de cine cuesta 7 euros pude ver La sconosciuta de Giusseppe Tornatore. Es un thriller duro en la que se nos muestra a Irena, una joven ucraniana que busca en Italia y por extensión en Europa una oportunidad para mejorar y salir de la pobreza. La historia es dura, Tornatore no dulficica un pasado que trata de olvidar en cortos flashbacks reflejo del mundo de la prostitución. A lo mejor tenemos suerte y conseguimos que se estrene pronto en las carteleras española ya que en un pequeño papel como meretriz aparece una de nuestras grandes actrices Angela Molina.

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